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En el siglo XX, después de la Primer Guerra Mundial ( y más acentuadamente después de la segunda), experimento la paulatina sustitución del Liberalismo por el Paradigma Social. Al conjuro de las Ideas sustentadas desde el siglo XIX por el socialismo Utópico, después por el Marxismo y por el pensamiento ético enraizado en la tradición cristiana, se revalorizó la naturaleza Social y solidaria de la persona Humana. Se cuestionó la bondad de aquel “ Orden Natural”, al que se juzgo como fuente de graves desequilibrios económicos y de profundas desigualdades sociales, y a la vez incapaz de garantizar el “progreso“ las guerras, la depresión económica la agitación social fueron sus pruebas concluyentes.

Nació así el tiempo del “Orden Deliberado” o “Voluntario”. Se paso del “Estado Gendarme” al “Estado Benefactor”, que brindaban protección social “de la cuna a la tumba”, del mercado libre, a los mercados controlados o regulados por la intervención del estado; de las crisis recurrentes del capitalismo, a la exitosa administración de los ciclos económicos. El progreso económico se hizo también social y permitió conservar grandes márgenes de autonomía nacional en el mundo que comenzaba a transnacionalizarse.

Las dos ultimas décadas de este siglo van a presenciar el agotamiento y el descrédito del “ orden deliberado”, en parte por las ineficiencias y los altos costos en que fue incurrido el Estado benefactor en los países Democráticos de Occidente, y en parte por el estrepitoso fracaso del “ Socialismo Real” en los paisajes comunistas. Ello permitió el resurgimiento, en la década del 80 (comenzando por la Gran Bretaña de Thatcher y los Estados Unidos Reagan ), del pensamiento y la praxis neoliberal que predica el retorno al “Orden Natural “ Estado Mínimo, Economía del mercado libre, privatización de servicios públicos, desregulación y apertura, franca reducción de los servicios sociales.

A estos se fue agregando la irrupción de grandes cambios y mutaciones científicas y tecnológicas, económicas sociales, Políticas y Culturales, incapaces de ser asumidos tanto por el contexto tradicional del Estado Benefactor, como el “Moderno” Estado Neoliberal.

Como consecuencia de este vacío conceptual y metodológico, se ha generado una crisis de identidad en los partidos y movimientos políticos que históricamente han sustentado doctrinas de base social. Tal crisis es mucho más profunda en los partidos socialistas, que han debido abandonar sus antiguos dogmas Marxista y emprender políticas socioeconómicas de corte Neoliberal – Capitalista. Suele justificarse bajo el lema “ Todo lo racional es socialista” y alegan la necesidad del “ realismo” y del “posibilismo” cuando se trata de asumir la responsabilidades del gobierno. Claras señales dicen sus críticos, de esa suerte de “Éticas de la Resignación” que ayer reprochaban a sus adversarios ideológicos.

Pero la Revolución Liberal comenzó a encontrar crecientes cuestionamientos. Algunos de ellos surgidos del campo intelectual: Socialismo, Marxismo. Otros del campo Ético- Religioso: Doctrina social de la Iglesia Católica. Otros del campo político: resistencia de estados emergentes (Alemania en Europa, Estados Unidos en América) a aceptar las consecuencias económicas del Laissez Faire a escala internacional. Otros del campo social: Los trabajadores industriales comienzan a convertirse en sujetos de la historia al revelarse, junto con sus organizaciones gremiales, contra las injusticias y desigualdades que traía consigo el Capitalismo Liberal.

El fin de la era Liberal, según Peter Drucher , ocurre en 1873, con el crash de la bolsa de Viena. 20 años después los partidos Socialdemócratas, comunistas o socialistas se habían difundido por Europa. Bismarck había fundado el Estado de Bienestar con la implementación de seguro sociales. El control y dirección de la Economía por el Estado fueron universalmente asumidas como causas “ progresistas”. Para otros autores, la era liberal se extiende hasta la crisis mundial de los años 30. A partir de entonces, el fin del Laissez Faire se universaliza. La intervención  del Estado en la económica para moderar los efectos de las crisis, el surgimiento de nuevos paradigmas que destruyen la antigua ortodoxia con rigor científico (Las teorías de KEYNES), las experiencias totalitarias características de la época, concluyen con la revolución liberal iniciada en el siglo XVIII.

Ahora es el turno de la “Revolución Keynesiana”, que desde el campo de la teoría económica se traslada a las políticas de los gobiernos.

Concluido el conflicto bélico se instala el llamado “Consenso de Post Guerra” un capitalismo reformado que conciente el llamado “Estado de Bienestar” y la intervención del Estado en la Economía administrando la demanda individual y atemperando los ciclos recurrentes de prosperidad – depresión, que generó el periodo más extenso de crecimiento económico con pleno empleo que registra la Historia.

Conviene repasar algunos antecedente. Según Peter Drucker, el origen del Estado de Bienestar   se remontaría a la Alemania de los años 70 del siglo Pasado; y su creador habría sido Bismarck, con los seguros de desempleo y otros seguros sociales. Pero fue en año 1941 que un Arzobispo Inglés, Monseñor Temple, acuñó una expresión que se iba a hacer famosa: Le opuso al Estado de guerra de los Alemanes ( WARFARE STATE), el Estado de Bienestar de los Ingleses (WARFAR STATE).

Terminada la guerra, otro estadista Ingles, el Laborista Lord Beveridge, anunció su contenido: Liberar a todos los hombres de sus necesidades básicas (“Freedo From wants”). Si no somos iguales en la satisfacción de nuestras necesidades básicas no somos libres”. Y para ello propuso un conjunto de leyes sociales de intervenciones estatales que iban “ de la cuna a la tumba”, las que fueron adoptadas en Gran Bretaña extendidas luego en la mayoría de los países Occidentales, consagradas en muchos de ellos a través de reformas constitucionales; y que fueron perfilando la vigencia Universal del Estado de Bienestar; hasta que, a mediados de la década del 70, se inicia el proceso que habría desacreditarlo primero y desmantelarlo después. Como consecuencia del efecto combinado de la crisis del petróleo y sus repercusiones en la economía de los países centrales que se vieron obligados a privilegiar los equilibrios monetarios y fiscales; del resurgimiento de las ideas liberales de anteguerra acerca del rol “mínimo” del Estado; del Advenimiento de gobiernos conservadores (Tatcher y Reagan) comprometidos con vigorosos procesos de privatización, que incluían el desmantelamiento del suministro de bienes Públicos o Sociales hasta entonces a cargo del Estado; y también como producto de algunas deficiencias endógenas; El Estado de Bienestar fue paulatinamente sustituido por los paradigmas Neoliberales. Entre estas deficiencias pueden identificarse las que provinieron de la excesiva burocratización , su carácter asistencialista y clientelistico, sus altos costos, y del fracaso de algunas experiencias improvisadas como fue, por ejemplo, la “Guerra contra la Pobreza”  librada en los EU; por el gobierno de Jhonson en los años 60

Al mismo tiempo, se descubrió que, contra lo esperado, profundizar la desigualdad social no conllevaba penalización política. El desmantelamiento del Estado de Bienestar y la distribución regresiva del ingreso fue acompañaba en sus inicios, por mayorías electorales,  Tanto en EE.UU.. (Reaman) como el Reino Unido (Tatcher). Si bien esta situación ha comenzado a cambiar el hecho es que, tanto al interior de los países ricos como en los países pobres, las desigualdades sociales se han incrementado. También se verifica una sensible caída en los lazos de solidaridad social, a pesar de la prédica ética y religiosa, y el debilitamiento de los otros poderosos sujetos colectivos: Los trabajadores organizados y los partidos políticos cuyos roles “compensatorios” del poder del capital se han virtualmente extinguido.

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