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La dictadura del proceso y el peronismo

 

 

Rubén Marín

Compañeras, compañeros, debo decir con un poco de tristeza por un 30º aniversario de un 24 de marzo que no hubiésemos querido tener, pero también debo confesar con una enorme alegría de ver que la Juventud Peronista de la provincia de La Pampa, y particularmente en este caso de la ciudad de Santa Rosa, recuerda una fecha tan importante en la historia argentina, particularmente por el desagrado que ella nos ocasionó. Y hoy a 30 años que, por suerte tiene, diría yo, la relevancia que no tuvo hasta ahora, porque muchos lo ocultaban, a otros no les interesaba realmente ese 24 de marzo. Porque ese 24 de marzo no solo fue un golpe a la democracia, fue un golpe para destituir a un gobierno peronista tal como lo habían hecho antes en 1955.

Yo me he permitido escribir algo que quiero leerlo para no caer en errores que a veces el mensaje, la euforia de la improvisación, lleva a equívocos y particularmente a veces, a interpretaciones insidiosas que todavía hoy se hacen, algunos por error o por desconocimiento, otros tal vez para ocultar lo que ellos cometieron en aquel tiempo.

Compañeras y compañeros de tantos años de militancia de la causa nacional y popular, adherentes o simpatizantes del Justicialismo, pampeanos que habiendo comprendido nos han acompañado siempre con su voto, veteranos de la primera hora y jóvenes de las nuevas generaciones, hombres y mujeres de nuestra provincia, que nos continúan apoyando, yo le quise poner como título “La Dictadura del Proceso y el Peronismo” para enfocar exclusivamente esta conversación desde el punto de vista desde el proceso, de ese golpe del 24 de marzo y del peronismo.

Venimos hoy a nuestra casa para referirnos a las desventuras que nos tocó vivir cuando en nuestro país se instaló la sociedad del miedo, después que el terrorismo de estado desencadenara la persecución indiscrimanda y perpetrara todas las vejaciones a que nos sometió la dictadura procesista. Han pasado 30 años de aquel 24 de marzo de 1976 en que se producía el último infame golpe de estado, gestado por el partido militar que abrió la puerta al periodo mas tenebroso, denigrante y trágico de nuestra historia contemporánea como nación. Golpe de estado que, como los anteriores, desde 1930 en adelante, estuvo fundamentado según sus siniestros instigadores, por los mismos consabidos y gastados argumentos mesiánicos, de quienes siempre se creyeron salvadores de la patria, demagogias políticas, ineficacia y desgobierno, desorden de las finanzas públicas y corrupción, ataque a las instituciones de la república, riesgo de desintegración moral, y disolución nacional, fueron entre otros, los rótulos con que se etiquetó la situación de ese momento. Era compleja, cien por ciento, pero que no podemos desconocer en el contexto internacional.

En 1968 en plena guerra fría se produjo el “Mayo francés” que impregnó a todo el mundo; los Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban el liderazgo del poder mundial, no solo en la tierra sino también en el espacio; el capitalismo norteamericano y el marxismo soviético combatían abiertamente en Vietnam; en 1969 en nuestro país se dio el “cordobazo”, aquel movimiento de obreros de sindicatos combativos y estudiantes, que produjo la caída de Onganía, quien aspiraba a quedarse sentado sobre la fuerza de las bayonetas por lo menos por veinte años; en 1970 matan al Che Guevara que, con su carga de idealismo, había dejado Cuba para venir a Bolivia en el intento de difundir la revolución armada; en 1970 los Montoneros secuestran y matan a Aramburu, aquel general que junto a Rojas habían pasado por las armas a cientos de militantes peronistas y secuestrado el cadáver de Evita en la década del 50; en 1973 se produce el golpe de estado en Chile, en el que es asesinado el presidente socialista Salvador Allende mediante el bombardeo del Palacio de la Moneda, o sea la Casa de Gobierno de Chile; en el Uruguay los Tupamaros; en el Perú, Sendero Luminoso; en Nicaragua, el Movimiento Sandinista de Liberación; y en Argentina la guerrilla, que enfrentando a las fuerzas armadas, habían desatado una ola de violencia en Latinoamérica. Era un movimiento político basado en la toma del poder por medio de las armas, que levantaba la bandera de la liberación nacional, y que reclutaba sus cuadros dirigenciales dentro de los sectores de clase media-alta; un sector de la Iglesia, enrolado en la teología de la liberación, los acerbaba a través de la Pastoral de la Misión al contacto con los pobres que vivían en las villas miseria de las grandes ciudades latinoamericanas.

Este era el contexto con el que se encontró Perón cuando volvió definitivamente a la Argentina y le tocó hacerse cargo del gobierno. En junio de ese año, después de los enfrentamientos de Ezeiza, Perón se dirigió al pueblo argentino y entre otras ideas expresó las siguientes. Decía el Gral. Perón: conozco perfectamente lo que está ocurriendo en el país, los que crean lo contrario se equivocan. Los peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro movimiento, ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o desde arriba, nosotros somos justicialistas, levantamos una bandera tan distante de uno como de otro de los imperialismos dominantes. No creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa, no hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina ni a nuestra ideología, somos lo que las 20 verdades peronistas dicen.

Este era el cuadro de situación, dicho en apretada síntesis, aquella mezcla de idealismo y fundamentalismo de la liberación, generó una tendencia que alimentó una ola de violencia, la resistencia armada a las dictaduras se transformó en trampolín para promover la lucha de clases, y fomentar el conflicto permanente, aún frente al gobierno electo que encabezó Perón con la amplia mayoría del 62% de los votos. Ese fue el caldo de cultivo en el que luego de muerto Perón y una vez que la concertación política y el pacto social se hicieron añicos, se cocinó a fuego lento el golpe de estado más ignominioso que produjo la dictadura más infame. El partido militar conformado por la camarilla golpista de cada una de las fuerzas del proceso, contó con el auxilio del componente civil, de las denominadas fuerzas vivas, conformado por una legión de intendentes, ministros, jueces y demás funcionarios, generalmente autodefinidos -con una hipocresía total- como apolíticos, y de una tanda de políticos antiperonistas que fueron beneficiados con embajadas y otras prebendas. Esos civiles fueron los colaboracionistas de todos los gobiernos de facto, de todos, desde el 30, desde el 55 y del 76, que se transformaron en los partisanos de la ocupación interna que hicieron las fuerzas armadas, aplicando la doctrina de la seguridad nacional.

En realidad nadie es apolítico, todos hombres y mujeres, de uno u otro modo, hacemos política desde que nacemos hasta que morimos, porque la política justamente es ocuparse de las cuestiones de la polis, entendida ésta como la familia en la que nacimos, la comunidad en la que conviven nuestras familias, la región en la que nos encontramos con otros grupos sociales y la nación, con la que compartimos un pasado común, un presente a transformar y un futuro por venir, preñado de esperanza, sueños y utopías.

Nosotros desde que nacimos a la vida política, participamos del mayor movimiento latinoamericano nacional, popular y cristiano, que nació con dos metas fundamentales: la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación.

Fuimos, somos y seguiremos siendo peronistas, por sentimiento, por convicción y por ideales.

Siempre hemos bregado por mejorar nuestros ámbitos de ejercicio de la libertad, por consolidar la familia, achicar la brecha entre los que más tienen y los que menos poseen, por sostener en alto la bandera de la soberanía popular, por construir un federalismo real, afianzar nuestra cultura regional y nacional, en fin, por defender los intereses generales por encima de los intereses particulares. Somos y pertenecemos a un movimiento que a lo largo de la historia de nuestro pueblo, ha puesto en el altar del sacrificio la mayor cuota de sangre de militantes que pagaron con cárcel, proscripción, torturas o con sus propias vidas, el precio de defender un ideal, a su líder y la doctrina humanista y cristiana, incomparable con ninguna otra en la dignificación del ser humano. Nuestra prioridad ha sido y continúa siendo primero la patria, después el movimiento y por último los hombres. Y en la jerarquía de valores, hemos privilegiado la justicia, la paz y la verdad. Nuestro líder, creador y conductor del movimiento, tenía muy claro el límite que no podía transponer para no arriesgar vidas inocentes. Por eso se opuso a Evita, que quería entregar armas a los sindicatos para defender la revolución. Por eso prefirió irse al exilio en 1955, porque entre la sangre y el tiempo, Perón eligió el tiempo, que es el juez inexorable. Por eso fue que en el exilio no aceptó la propuesta de John William Cook, de redefinir al movimiento como un movimiento de liberación nacional de extrema izquierda en cuanto propone sustituir al régimen capitalista.

Eso fue lo que no entendieron algunos, que terminaron siendo funcionales a la estrategia de los integrantes del partido militar, quienes utilizando los instrumentos legales, y las armas de la patria para la defensa nacional, desencadenaron una sanguinaria dictadura que persiguió, torturó, hizo desaparecer y asesinó a miles de personas, por el solo hecho de pensar distinto.

La política de aquellos años de plomo, de falcon verdes y de trajes verde oliva, invadiendo todos los recintos, la hicimos no como quisimos sino como pudimos. Y en esos tiempos tremendamente difíciles para todos, para los que se fueron y para quienes nos quedamos, no dejamos de practicarla, la hacíamos en el trabajo, los clubes, en las reuniones familiares, en los sindicatos, en las cooperadoras o en las cooperativas, en los ámbitos culturales y sociales, donde encontrábamos dirigentes que no se amedrentaron, a pesar del prolongado asedio, de la calumnia o injuria, el agravio o la cárcel, con la que pagaban por defender nuestras convicciones.

El descongelamiento de la actividad política vino en el 1981 cuando ya el régimen opresivo del partido militar percibía el fracaso del proceso de reorganización y comenzaba a olfatear el escarmiento popular y el aislamiento nacional e internacional. La primera medida para congraciarse con el peronismo fue la liberación de Isabel Perón, quien aguantó estoicamente la privación ilegítima de su libertad durante 5 años, con una integridad digna de destacar, era la Presidenta de la República Argentina elegida por el voto popular. Si algo debemos reconocer a Isabel Perón, es este papel que le tocó desempeñar de custodia leal de la unidad del movimiento peronista, para entregarlo al pueblo, su heredero, a pesar de los ambiciosos de adentro y de afuera, que intentaron quedarse con parte de la herencia política, gracias a la cual aun hoy, somos gobierno en nuestro país y en muchas provincias argentinas como en La Pampa.

De este periodo de gobiernos constitucionales, al peronismo le ha tocado gobernar durante toda la década del 90 y a partir del 2003 hemos vuelto a conducir la reconstrucción del país, luego del rotundo fracaso de la Alianza, de la única manera que sabemos hacerlo los peronistas, a través del voto popular.

Han pasado 30 años de aquel nefasto golpe y más de 20 de la recuperación de la vigencia de la Constitución, de reconstrucción de las instituciones, y el tema de los derechos humanos a crecido en importancia en la agenda pública. Se ha legislado positivamente y se han empleado nuevos organismos y herramientas para su progresivo afianzamiento, hasta generar una cultura nueva. A pesar de que algunos todavía creen que se puede hacer política partidaria con el tema de los derechos humanos, nosotros desde el Justicialismo nunca hemos abordado el tema con un solo ojo, porque el peronismo nunca fue, ni será, sectario o excluyente.

Mediante la reforma de la Constitución en el 94 se agregaron una serie de elementos y derechos que permiten hoy indudablemente, ratificar la vigencia de la protección de los derechos humanos.

En la época del proceso, la condición humana fue atacada con distintos tipos de agresiones, desde los apremios ilegales hasta la aberración de abortos inducidos o el secuestro de bebés nacidos en cautiverio, los vejámenes ejecutados por estos verdaderos bárbaros, no son justificables ni siquiera en las guerras en las que existe el derecho de gentes para los prisioneros. Impusieron a sangre y fuego una cultura del silencio que incluyó por supuesto, la censura al periodismo, la prohibición de libros, la confección de listas negras con escritores o artistas cuyos temas estuvieron prohibidos. A esta censura se agregó la autocensura, en que cayeron la mayoría de los medios y de los intelectuales, salvo honrosas excepciones, sobre los que pesaba el silencio de la sociedad del miedo y el terrorismo de estado que hizo desaparecer a muchos trabajadores de prensa, por el solo pecado de haber escrito una crítica.

En La Pampa a los pocos días de haber asumido en 1983, dictamos un decreto para ordenar y recomponer la epidermis del pueblo pampeano. Los pampeanos como en el resto de la sociedad argentina, habíamos vivido la sociedad del miedo, teníamos temor, el golpear la puerta de casa para llevar detenidos, era una constante, el vivir con un miedo permanente, y no solamente los que habíamos sido funcionarios, sino dirigentes sociales, de instituciones, gremialistas, trabajadores. Entonces nos propusimos y hoy lo exteriorizaba bien en el acto que hubo en la Casa de Gobierno, decir que no podemos iniciar una acción de gobierno para ver cuantas casas vamos a hacer o cuanto caminos vamos a arreglar, sin primero curar la epidermis del pueblo pampeano, para que sepa que la democracia es un estilo de vida y que nadie debe tener temor, piense como piense o haga lo que haga, y el único temor genérico para todos que fuera la ley. Y se dictó un decreto, casi se mantuvo oculto, nunca fue objeto de una exteriorización a los que nos tienen habituados distintas expresiones. Fue el único decreto que se dictó en la República Argentina por el cual se dispuso en la provincia de La Pampa, la investigación de la violación de los derechos humanos. Y no lo hicimos porque estábamos en contra de fulano o de sultano, o porque tuviéramos cuestiones personales con alguno de los represores, lo hicimos porque el pueblo pampeano tenía el derecho de saber quien era el que lo había torturado, quien era el que le había impuesto la sociedad del miedo.

Y así se hizo, y muchos compañeros asumieron la responsabilidad en virtud de ese decreto, de investigar caso por caso, para construir un expediente que pusiera en blanco sobre negro, la conducta de aquellos que habían sido partícipes activos de la famosa subzona 14, por la cual les daba derecho a todo, sobre la vida y los bienes de las personas. Y se hizo, y se construyó el expediente, y hoy ese expediente es el que tiene el juez Rafeca, juez federal de la República Argentina como cabeza de instrucción, en la responsabilidad de los funcionarios.

Y decirle hoy a los jóvenes -- a los mayores no, porque la vivieron --, que una cuestión es hoy a 30 años ver como remontamos las banderas, para recordar con justicia este hecho tan desgraciado, que hacerlo a 10 días de asumir, donde el proceso militar estaba vivo y pendiente, y donde todavía ocupaban todos los cargos, en la Aeronáutica, en el Ejército y en la Marina. Por eso, no lo hicimos como un acto de irresponsabilidad juvenil, lo hicimos porque creíamos que esta provincia se merecía eso, porque debemos convenir también, que hay muchos desaparecidos pampeanos, pero que no hay ningún desaparecido pampeano que viviera en la provincia de La Pampa. Nuestros coprovincianos fueron desaparecidos en otras provincias, y eso también tiene una justificación y tiene un motivo, nuestra sociedad más allá, a veces en forma anónima, blanqueaba a cada uno de los que detenían y todos sabíamos quien había ido preso y esto creo que fue el límite que tuvieron los militares para excederse en la desaparición de pampeanos que fueron detenidos en aquel tiempo, pero no fueron desaparecidos o muertos

Este también es el mérito de una sociedad, no entramos en aquello que decían que Videla era un militar democrático, no entramos en aquellos conversos que hoy escriben mucho, redactan mucho, pero a veces tenían en sus autos: “somos derechos y humanos”, mientras en el pueblo argentino desaparecían y morían militantes peronistas todos los días. No fue el peronismo el que fue a hacer el arreglo por un aspecto comercial, allá con la Unión Soviética, que nos compraban trigo y entonces trataban de dejar de actuar sobre militantes de un partido político, cuya culpa no la tenían los militantes sino los dirigentes. Porque ese golpe fue contra el peronismo, mas allá que después, en la acción de soberbia y de indignidad que llenó a la sociedad, muchos cayeron sin tener nada que ver. Y cuando digo sin tener nada que ver, no es porque los que hayan caído hayan sido responsables para merecer lo que hicieron, sino hablo de gente común que ni siquiera participaba, y el solo hecho que evitemos que ocurra que: “...no me dijeron que fulano de tal”; “...pero yo escuché que fulano de tal”; he leído en estos días en un diario donde alguien que le dijeron que pasó... Es el mismo procedimiento que utilizaron los militares para poner presos a tantos argentinos, era el comentario: “...me parece que fulano”, “...me parece que mengano”, “...porque yo escuché”. Era la sospecha permanente.

No caigamos en eso, porque además como peronistas, tampoco nunca fuimos “buchones”, eso se nos enseñó de siempre. Y aquellos que quieran hoy o que traten hoy, de ver como sacan una especulación política, con el oscuro intento de ver como ponen peronistas buenos o peronistas malos, debo decirles compañeros, que ante esa grosería y quienes vivimos ese tiempo, es un absurdo. Y que si hoy lo tratan de exteriorizar, es porque buscan objetivos también ocultos. Todos sabemos lo que pasó en La Pampa, particularmente los mayores, éramos 50.000 habitantes en Santa Rosa, 25.000 en Pico ¿Quién ignoraba lo que hacíamos todos los días, desde que nos levantábamos hasta que nos acostábamos? ¿Ustedes creen que alguno de la policía o del ejército precisaba que alguien le fuera a decir algo sobre fulano o mengano?

Yo creo que aquellos que se expresan no lo hacen de mala fe, pero sí, no caigamos en el mismo error en que cayeron muchos, que por esa generalidad de la sospecha, le costó la vida o la detención a tantos argentinos.

Compañeros y compañeras, les pido que en esta lectura que he tratado de hacer desde mi modesta interpretación, de un tiempo que uno nunca más quiere, que le tocó vivir en la intensidad y en su apogeo, como vicegobernador y después también como ciudadano, a los jóvenes, que nunca bajen la bandera de recordar este hecho, porque indudablemente creo que ha sido el más sangriento y el más inmoral en la historia de la República Argentina. Pero también sepan que nunca fue solamente por una actitud exclusiva de los militares, siempre fue también, con un acompañamiento expreso o tácito de muchos civiles. Y no digo porque esos civiles compartieran después el criterio de las desapariciones, no lo sé, ni soy quien para juzgarlos, yo no soy fiscal ni juez de la conducta de nadie, pero si sé que el estar distraído, el dar expresiones que no corresponden, lleva a un acompañamiento tácito para que ocurra lo que nunca debió ocurrir. El golpe no fue contra la democracia, el golpe fue contra el peronismo, la muerte de Perón aceleró ese hecho repugnante, donde tuvo mucho acompañamiento, donde muchos la vivieron difícil.

Hablo de la provincia de La Pampa, porque excediendo nuestro marco, los muertos y los desaparecidos, es ya horror dentro de los que vivíamos en la provincia en aquel tiempo, hubo detenciones y tal vez ese silencio activo, digo yo, de la sociedad pampeana, impidió desapariciones.

Un pequeño hecho personal, tal vez insignificante ante la gran magnitud de lo que otros compañeros pasaron, hasta donde llegaba la maldad de algunos, que en aquel tiempo tenían la responsabilidad de custodiar el bien común: la detención del que les habla, en la Comisaría primero, significó después llevar a la Jefatura, donde me tuvieron 3 hs. en la vereda, esposado, para que toda la gente que pasara viera que también el que había sido vicegobernador estaba detenido. Así que 3 horas, después de días sin afeitarse, sin ... todo esto. Quiero rescatar personalmente, hoy lo hizo una compañera de la justicia, yo también quiero rescatar a alguien que en mi caso particular, en aquel tiempo de dificultades y realmente de miedo, fue quien era mozo en la Legislatura y fue mozo conmigo durante todos los años de gobierno, y que realmente se retiró, el último decreto que firmé fue también él para que se jubilara. Ese compañero, me acuerdo que por medio de un policía amigo me hizo llegar un colchón y algunos cigarrillos, se llama Alberto y realmente lo recuerdo, lo aprecio y lo quiero.

Como esto, creo, habrá tantos peores que eso.

Simplemente para terminar compañeros, quiero recalcar el agradecimiento a la juventud, que hayan sido ellos como jóvenes, que no vivieron ese tiempo, ante tanto ocultamiento que se quiso hacer, de rescatar a quienes asumieron la responsabilidad en la provincia de La Pampa, para iniciar los sumarios que permiten hoy juzgar a responsables de violaciones de los derechos humanos, para decirles que en el 83 también dictamos una ley para ingresar a todos los empleados públicos que habían sido despedidos. Y a ninguno le preguntamos si era peronista, radical, comunista, marxista o demócrata cristiano, no fuimos a hacer un balance de sus ideas personales, dijimos: a ustedes los echaron por pensar o por tener ideales, este gobierno no los tiene al margen, y así se incorporaron, y así se les reconoció su derecho a los aportes jubilatorios.

Y también hay otra ley más, una ley que se dictó en el Congreso de la Nación en el año 90, que el que habla fue el que la redactó, junto con una compañera que no era senadora, la desaparición del hermano que era Estela García, la indemnización a todos aquellos que estuvieron detenidos desde el 76 en adelante. Hecho que esa ley fue propuesta y aprobada por quien les habla en el Senado de la Nación y en Diputados en 24 horas.

Es decir, convengamos que los peronistas de La Pampa no tenemos de que arrepentirnos, hemos hecho lo que creíamos que debía hacerse, para que este peronismo pampeano, con aciertos y con virtudes, con errores y con defectos, nunca dejó de hacer ni cumplir con sus obligaciones, en tiempos en los que algunos no hablaban y hoy dan muchos discursos.

Muchas gracias.